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lunes, 6 de agosto de 2012

Nueve años y hoy


Nueve años tenía yo, cuando Federico me secuestró. Me buscaron y me encontraron, con Federico quería vivir yo.
Pablo me mandaba cartas y un Ángel era mi amor, yo dormía sobre uno de tantos hermanos, el que mas quería yo.
El viento me abrazaba tanto, con su fuerza me atrapó; una noche escuché a un arcángel y su voz me hipnotizó, con sus negras alas y astucia de la casa, cuatro años me sacó; ese día quise ser arcángel y de su lado me apartó, mirando otros Iris, el  arcángel voló y se esfumó. 
El corazón quedó mutilado, los pedazos no embonaban más, con nada quedaba pegado, el alma me pedía más; el viento extendió sus brazos, bien sabía sería yo presa, cargando la pena en mi espalda, me entregué resignada y sin sorpresa. Sigilosa entre a su casa, buscando lo que había dejado, ya no parecía igual, ellas habían crecido, su mundo había cambiado. Temerosa de quedar atrapada, tal vez no volvería a volar, con la piel dormida y el alma herida, en los brazos del viento me fui a consolar. 
Y volaba de jaula en jaula, entre cuatro brazos podía soñar; con el viento y con el cielo, mis heridas podía ocultar.
Mi cuerpo empezó a explotar, un gorrión a mi jaula quiso entrar, sin pensarlo ni quererlo cada noche lo dejaba entrar. Entre ocaso y jaula de oro, el gorrión venía a cantar, a destiempo y sin saberlo la ilusión nos hacía volar;entre sueños y caricias en un cielo irreal,  no había tiempo solo risas, solo amor y algo mas. La alegría nos burló y así el libreto cambió, unas hienas lo golpeaban, no lo pude soportar, al querer salvarlo de ellas, en sus garras fui a parar, alimento de unas hienas, pudo mas el que dirán, confundido y traicionado, indeciso comenzó a dudar; la razón lo hipnotizó: “No se puede amar a medio arcángel”, el gorrión se lo creyó, en un altar me suicidó; ese día quise ser gorrión y de su lado me aparto, y mirando a jaulas falsas el gorrión voló y se esfumóhabía que matarnos de un solo tiro, entonces un adiós y un suspiro se escuchó.
La salida es un mortal, yo no quiero mas arcángeles, ni gorriones, esos que con sus alas engañan creyendo que vas a volar y al estar arriba te sueltan y te puedes desangrar.
Ya no extraño a Federico, ya no espero cartas de Pablo, ya no siento nada por Ángel; mi hermano el querido lo he extraviado; Pablo y Ángel viven en un eco, Federico tras un cristal, mi hermano se fue tras un conejo, de los cuatro nada queda ya. 
El viento nunca se va, bocanadas, torrentes, no lo miro y está, algunas veces viene y muy pocas se va; el cielo no me quiere olvidar, me escondo y lo olvido y siempre me vuelve a encontrar.
Ya no espero aquél arcángel, ya no quiero ese gorrión, sólo quiero estar conmigo, con ellos, sin nadie, con todos, sin estar pero presente, aunque esté viviendo mi mas bella muerte.
Nueve años tenía yo, mis fantasmas siguen hoy.

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