
Mientras espera y vive, se detiene y no se va,
ahí está, tan lejos, pero lo puede tocar,
y tan cerca que lo tiene, no lo puede asesinar.
Y se pierde la noción y siente,
y en enredos del reloj a destiempo
eso ya no existe, está lejos, muerto,
y revive en el presente,
sin pensarlo ni quererlo,
el dragón llega al cerebro.
Afloran decenas de memorias,
de esas no significativas
y le dice, fue hace tanto,
no lo alcanza pero vuelve,
vuelve el despiadado...