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domingo, 5 de febrero de 2012

La luz no se maquilla


El orgullo es quien se camufla detrás de todos los males para que el ego se imponga y domine a su antojo. Ese Yo petulante y engreído, el que manipula y pisotea, en suma,uno mismo y a los débil de carácter que son manipulables con facilidad. Un Yo empobrecido tiene siempre la consciencia dormida, disfraza sus debilidades por orgullo como escudo ante su ego acobardado.
El trabajo de controlar el ego sin  anularlo es de toda la vida, porque él no se resigna a estar en la sombra. El quiere figurar e imponerse, busca lisonjas, se regodea con los aplausos y no acepta que otros se destaquen. Un ser histriónico con su ego empobresido siempre buscará llamar la atención de su Yo real, acresentándolo, maquillándolo y adornándolo con falsedades para sentir un poco de valía.
Hay una gran diferencia entre un juego no real a manera consciente y con un propósito por detrás en donde no se involucran amigos ni familia y el de un complejo mitómano para sentirse un poco mas valioso o vomitar rencores que a los demás no les interesa en lo más mínimo. Fingir un nivel económico, presumir triunfos, aparentar estar en una relación color rosa, engrandecerse por quienes son sus amigos y no por quien se es realmente, fingir un puesto laboral maquillándo con palabras rebuscadas, sólo demostrará ante los demás tu poca autoestima, dignidad y provocarás mas que lástima, compasión por no poder la verdadera luz, la que esta en tu interior y que no necesita encenderse solo para que los demás te aplaudan o admiren, porque la recompensa es tu serenidad y paz mental y emocional.
Hay quien se ha convertido en aquél sapo envidioso que cansado de ver la luz de una luciérnaga, saca y estira la lengua cada que puede para apagar su luz, lo que el sapo no sabe es que ni comiéndose a la luciérnaga evitará que su luz siga brillando, y todo ese veneno que lo carcome por no tener una vida conforme no daña a nadie mas que el mismo sapo, porque a los demás les importa un comino todos los trajes, adornos, etiquetas que el sapo se intente poner para poder brillar.
«Las luciérnagas siguen brillando hasta cuando son aplastadas».

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Aplausos del público

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