Sobre el asco:
Llueve, me
horrorizo. Sigue lloviendo. Se trata de mi primer encuentro con un sentimiento
tan asqueroso, demente y hermoso al mismo tiempo, suficiente como para revolver
el ácido en mi interior y transformarlo en terror, junto a una calurosa
desesperación de no querer creer en ello. Cierro mis ojos, depositando todo mi
peso en la punta de mis pies, arrodillándome frente a algo que mis ojos no ven,
y aún así, no desaparece. Sin darme cuenta, mantengo la respiración un par de
segundos. Abro...